miércoles, 17 de noviembre de 2010

¿Comerías carne clonada?

¿Comería carne clonada?



No está comprobado que causen daño a la salud, sin embargo cada vez que se habla de producir productos derivados de animales clonados los únicos contentos son las industrias productoras. Si bien lograr producir clones en masa hoy en día aún es complejo y costoso, el tema resurge porque la Unión Europea está a punto de decidir si prohíbe la entrada de este tipo de productos dentro de sus fronteras.
Dinamarca es el único Estado miembro de la Unión que hasta ahora prohíbe la clonación animal con fines comerciales, pero varios otros ya investigan y la utilizan para producir animales reproductores. El debate en Europa parece ir de seguro hacia la suspensión de la entrada y producción interna de clones para alimentación por cinco años -permitiendo la técnica sólo con fines de investigación-, según fuentes del Parlamento Europeo la discusión está centrada en si esa moratoria será parte de la ley de “nuevos alimentos” o habrá que crear una nueva norma, y si esta incluirá también a las crías de animales clonados.
Con todo, la opinión de los ciudadanos es clara: no quieren animales clonados en las estanterías de los supermercados y sus razones no tienen que ver con su propia salud, si no con el sufrimiento de los animales en el proceso de clonación.
La transferencia nuclear de células somáticas (TNCS) es la técnica más utilizada en el mundo, pero su porcentaje de eficiencia aún es bajo (poco más del 5% en ganado), se utilizan muchas células para producir un embrión viable y muchos animales mueren antes de nacer o al poco de nacidos.
ViaGen, compañía estadounidense que tiene los derechos de la clonación de la oveja Dolly, junto a Trans Ova Genetics, su empresa asociada, son los que han conseguido mayor eficiencia en el proceso (entre un 10% y 15%). Su objetivo es llegar al 60%, por lo que no les pareció nada bueno que la UE decida prohibir los productos de animales clonados
“La Comisión Europea demuestra una vez más su total desprecio por la ciencia y el valor de la tecnología en el logro de la seguridad global, aislando aún más a los productores y consumidores de alimentos europeos de la tecnología adoptada alrededor del mundo”, dijo en un comunicado divulgado cuando se anunció la propuesta europea.
Si bien la compañía, que es una de las más exitosas en Estados Unidos, no comercializa con la UE, Mark Walton, presidente de la empresa, dijo que el reporte europeo es “desalentador para quienes comprenden y notan el real valor y potencial de esta muy poderosa tecnología”.
Exagerada
“La posición de la UE se podría decir que es un poco exagerada y probablemente esnobista”, dice la microbióloga Lleretny Rodríguez, especialista en clonación y docente del Campus Chillán de la Universidad de Concepción (UDEC), pues existen artículos científicos que demuestran que no hay diferencia en la composición de carne o leche de animales clonados comparados con otros obtenidos de forma natural y, de hecho, en países como Estados Unidos, Japón y Australia, estos productos se consumen sin ningún problema.
La especialista sostiene que es muy poco probable que alguien llegue a consumir un producto directo de un clon, porque en general se trata de animales de muy alto valor genético y cuyo costo de reproducción es muy elevado. “Básicamente, los animales que van al mercado son hijos de clones y no hay forma de diferenciarlos de otros que provienen de animales no clonados”, asegura.
Para Orlando Jiménez, director de Agronegocios de la Universidad Central, la prohibición europea deja en evidencia las diferencias de enfoque entre Estados Unidos y la UE. El sistema estadounidense, donde toda generación de nuevo conocimiento es aplicable a los negocios versus el europeo que, sobre todo después de la crisis de la vaca loca, es más cauteloso.
“Hay que reconocer también que los europeos son súper proteccionistas. Cuando en el fondo ves que el uso de ingeniería genética, aplicada a la producción agrícola en cualquier rubro, al final lo que genera es optimización, mejoras de competitividad y productividad en las empresas, entonces es ingenuo no reconocer que detrás de esta medida europea está el objetivo de proteger a las empresas locales. Efectivamente aquí hay un conflicto con ribetes económicos que no es puramente ético”, concluye Jiménez.
Sin embargo, en Europa lo desmienten, pues la suspensión no sólo involucra a la importación, si no también a la producción local. Según fuentes del Parlamento, en ninguno de los debates se ha hablado de proteger la agricultura europea, “no tiene nada que ver en las discusiones, quizás afuera algunos lo ven así, pero dentro de las comisiones europeas no”.
Si bien Jiménez sostiene que la decisión europea no va a tener efectos en el corto plazo, -ni siquiera en las economías que más han desarrollado el tema en América Latina- y la tecnología aún no es desarrollada en forma masiva, “uno tiene que tomar decisiones temprano, porque cuando se masifique y penetre fuerte en el mercado, va a ser difícil echar pie atrás”, asegura, incitando a que se discuta en Chile, aunque aún se vea como un tema lejano.

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